"When night fell, and still hugging her doll Mic tightly, fear prevented her from falling asleep. And it is that during the quarantine, Cora has stopped going to the park to run and play, has separated from her friends, has had to learn to study online, has spent more time with her brother Marc, has taken care of homework when their mother and father have been in isolation deprived of hugs, and she have experienced their first approach to death, that of their grandmother by Covid19. All this in just ten weeks". 

When the quarantine began in Spain on March 14, my report on Cora (9), the Catalan trans girl whom I document since she was seven years old, was completely interrupted. Very soon I understood that the video calls and screenshots we made online would not be enough to count her days in isolation, much less to quench my thirst for photos. 

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Most of us adults had tools to process what we were experiencing, but what about childhoods? ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

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In the days after the quarantine began, I mailed Cora instant movies for her camera, knowing that there was no one better than her to photograph her days. I feel it stronger and stronger: the more I move, and the more Cora appears, the more the magic ignites. I was never interested in thinking of my portrayed people as passive subjects of whom I tell a story. But with childhood this becomes even more important. If we fight for the autonomy of childhood, if we put adult-centeredness in check, if we defend their autonomy, giving them a direct voice made a lot of sense to me. ⠀

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This is how, a few days ago, I received this envelope from her: an authentic quarantine visual diary, about those uncertain days that her eyes gave away.

From Cora.
By Cora. ⠀

Cuando el 14 de marzo inició la cuarentena en España, mi reportaje sobre Cora (9), la niña trans catalana a la que documento desde sus siete años, se vió totalmente interrumpido. Muy pronto comprendí que las videollamadas y capturas de pantalla que hacíamos en linea no alcanzarían para contar sus días aislada y mucho menos para calmar mi sed de fotos. No miento si digo que me sentí tremendamente frustrada. ⠀

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La mayoría de las personas adultas contábamos con herramientas para procesar lo que estábamos viviendo, pero ¿Y las infancias?
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Cuando caía la noche, y aún abrazada con fuerza a su muñeco Mic, el miedo le impedía conciliar el sueño. Y es que durante la cuarentena, Cora ha dejado de ir al parque a correr y jugar, se ha separado de sus amigas, ha tenido que aprender a estudiar en linea, ha compartido más tiempo con su hermano Marc, se ha ocupado de las tareas cuando su mamá y su papá han estado en aislamiento privadxs de abrazos, y ha experimentado su primer acercamiento a la muerte, la de su abuelita por Covid19. Todo eso en tan solo diez semanas.

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Los días siguientes al inicio de la cuarentena, le envié a Cora por correo postal películas instantáneas para su cámara de fotos, con la certeza de que no existía nadie mejor que ella para fotografiar sus días. Cada vez lo siento más fuerte: cuanto más me muevo yo, y más aparece Cora, más se enciende la magia. Nunca me interesó pensar a mis personas retatratadxs como sujetos pasivos de quienes cuento una historia. Pero con la infancia ésto se vuelve aún más importante. Si luchamos por la autonomía de las niñeces, si ponemos en jaque el adultocentrismo, si defendemos su autonomía, darle voz directa me hacía mucho sentido. ⠀

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Asi fue cómo, hace unos días, recibí de ella éste sobre: un auténtico diario visual de cuarentena, sobre aquellos días inciertos que regalaron sus ojos.

De Cora.
Por Cora. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
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